viernes, 10 de mayo de 2013

ENTREVISTA ALBORADA: ESTE DOMINGO 16 DE JUNIO SE DESPIDEN DEL PERÚ JUNTO A LA AGRUPACIÓN "ANTOLOGÍA"


“Cuando volví a mi pueblo, yo era un foráneo más” Sixto Aybar, Líder del grupo musical Alborada.

¿Tú eres Sixtucha desde niño?

Sí. Mi abuela me lo decía de cariño. Pero el trato de Sixtucha es algo gracioso en el Ande. Depende quién te lo dice. Puede ser despectivo, amistoso o afectivo. Depende del acento no más.

¿Ya eras músico de niño?

No. De niño me inclinaba a ser cómico. Hacía teatro. Yo mismo hacía los libretos y casi siempre satirizando nuestras vivencias en el Ande. Probaba hasta dónde podía burlarme de una persona. Agarraba primero a los profesores. Después, al policía. Hasta que chocaba ya con la iglesia, con el alcalde y todo.

¿Y cuándo llega la música?

Estaba en ese mundo, cuando llega mi amigo Pedro Vargas, que se había ido a estudiar a Ayacucho y regresaba con una idea de hacer música. Yo hacía música, pero vernacular, o sea exactamente lo que hago ahora con Alborada.

¿Por qué le pusieron Alborada?

Había varios nombres. Yo había propuesto Diáspora. Y había varios nombres: Sur Ande, Estrellas de Ocobamba, que era mucho para nosotros, que no éramos nada. Pero como éramos niños entrando a la juventud, había un cambio en nuestra vida. Entonces, era una Alborada para nosotros.

Y Alborada pega mucho con esta onda new age que ahora hacen, ¿no?

Claro. Es que nosotros no habíamos imaginado nuestro camino. Hicimos Alborada y comenzamos haciendo música tradicional. Quenas, zampoñas y un poquito de música de Puno. Llegamos a Andahuaylas y fuimos un boom. Llegamos a Chincheros, ¡fue increíble!

¿Cantaban en quechua entonces?

En quechua y en español. Incluso, nos atrevíamos a cantar algunos temas en inglés. Teníamos la suerte de escuchar harta música a pesar de estar alejados. Hicimos tres discos de música internacional. Eran baladas, pero fusionadas con nuestros instrumentos andinos.

¿Y qué es exactamente Alborada?

Esa era una pregunta entre nosotros. Teníamos que buscar una identidad propia. Hasta que yo llegué a Estados Unidos, a una reserva indígena, para un intercambio cultural…

¿Ya habías viajado a Alemania…?

Ya había ido. Y sigo viviendo allá.

¿Te casaste con una alemana?

No. Mi esposa es boliviana. Yo siempre estuve convencido, por cosas personales, porque soy demasiado orgulloso de nuestra cultura Inca, de que no iba a casarme con una persona rubia.

¿Cómo te fuiste a Alemania?

Fue el 90, cuando me conocí con Juan Arce Prado, director de Yawar Inca, un grupo que hacía música autóctona del Perú. Me enamoré del grupo y faltó una voz. Había muchos que cantaban mejor que yo, pero no había otro que conociera más que yo el quechua.

¿Y Alborada se quedó aquí?

Alborada se quedaba en Ocobamba y yo ya estaba yéndome a Alemania ¿no? Mi cuerpo vivía allá, pero mi pensamiento siempre estaba acá. Por eso, traté de ahorrar todo lo posible para llevármelos a ellos. Y me llevé a la mayoría.

Gran parte de la carrera de la Alborada se desarrolla en Europa ¿no?

Sí, la mayor parte. El primer disco lo grabamos ya estando en Alemania. Es increíble que allá, por ejemplo, la gente ya había escuchado nuestra música. Tenemos muchos seguidores en toda Europa. Muchos que vienen, inclusive desde Rusia, a nuestros conciertos. Es que nuestra música ha influido en muchas vidas. Ahora, en Alemania, nuestra música la usan como musicoterapia.

Y como música para meditar, ¿no?

Justo hemos hecho música de meditación, el número uno. Es el que más éxito ha tenido. Y hemos tenido tantas llamadas que hemos hecho el segundo volumen el año pasado.

Y cuéntame de la etapa de la fusión Amerindia. ¿Cómo se dio?

Se da cuando yo llego a Estados Unidos. Estuve con los cherokees en un intercambio. Cuando llegué, entré y era como entrar a mi casa en Ocobamba, a mi pueblo. Teníamos la misma filosofía, el mismo pensamiento, hasta la misma manera de comer. Ahí, yo toqué la zampoña y ellos se quedaron impresionados. Luego sacaron la flauta del amor, la flauta cherokee. Después, tocamos los dos. Eran dos instrumentos pentatónicos y conversaban muy bien.

¿Tenían el mismo lenguaje?

Sí. Yo llevé esos instrumentos a Alemania y, a partir de allí, Víctor Valle, el argentino, empieza a buscar más instrumentos pentatónicos en el mundo que fueran pentatónicos y ahora los tocamos en el grupo. Son parte de nuestra alma…

¿Y te vas a quedar en Alemania?

¡No! Yo voy a volver con mi familia. Mis hijos quieren vivir aquí. Admiran nuestra cultura. Todos son alemanes. El único extranjero soy yo.

Cuando vienes, ¿vas a tu pueblo?

¡No! Me da mucha pena. Hace cuatro años que no voy. Y la última vez que fui me sentí tan mal, porque no conocía más a nadie. Cuando volví a mi pueblo, yo era un foráneo más y eso es muy doloroso, y ese es el precio de Alborada.

¿Y qué ha cambiado de Sixtucha niño al Sixtucha adulto?

El entender mucho más lo que es el Perú. Para mí el Perú lo es todo: mi vida, es mi sueño. Incluso, he hecho una canción que se llama Marca Perú y hablo un poco a la juventud. Y hay una parte que dice: Yo dejé mi tierra en busca del paraíso /rodé por el mundo sin cesar /y me di cuenta que había dejado el paraíso.

 

La ficha:

Mi nombre es Sixto Aybar Alfaro, pero todos me dicen Sixtucha. Nací en Ocobamba, Apurímac. De niño quise ser cómico, pero la música me llamó. Armé el grupo Alborada en 1984 y el próximo año cumplimos 30 años. Para celebrarlo, estamos haciendo dos discos. Antes, como un adelanto, haremos un gran concierto este domingo 16 de mayo en el Parque de la Exposición junto al grupo ANTOLOGIA.

Fuente: La Republica

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